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“Umbrío por la pena, casi bruno…”

Franklin Álvarez

Estoy casi seguro que la gran mayoría de los que leyeron este título no lo entendieron. Cuando esto sucede, inmediatamente se rompe la comunicación, y como consecuencia se abre una brecha, una sima, hay una ruptura. Entender viene del latín “intendere”, y sencillamente significa comprender una cosa. La solución que Jehová le buscó a la obstinación de los hombres que emprendieron en Babel (que viene del hebreo “balal”, y significa “trastornado” o “confundido”) la construcción de una torre que llegara al cielo, fue hacerles que hablaran diferentes lenguas. De ahí el nacimiento de los diversos idiomas. De ahí la confusión y el desastre. Pero lo triste de este caso, es que esta expresión está en español, que es la lengua con la que nos comunicamos en nuestro amado país, todos los días.
Me atrevería a apostar, que no llega al uno por ciento los alumnos de nuestra ciudad, que puedan desenredar esta tripa, y si les interrogo sobre el autor del verso, me atrevería a incluir también a los alumnos universitarios y sus profesores, y dudo que el porcentaje suba de manera significativa.
¿A qué viene este largo preámbulo? Desde hace unos días dos buenos amigos vienen disputando en torno a qué hacer con el busto del Dr. José Francisco Peña Gómez. Wady Musa y Mirna Santos, representando a los dos más grandes partidos políticos del país, gastan tiempo y recursos mentales, en un asunto anodino, que ni le añade ni le resta en lo más mínimo a los problemas más acuciantes de nuestra ciudad ni de nuestra nación. Porque, ¿qué tiene esto que ver con el estado de nuestra educación o de nuestra salud, por ejemplo? ¿Mejora esto el estado de inseguridad ciudadana o da respuesta a la interrogante de si es correcto nuestro modelo de desarrollo que ha puesto todos los huevos en la canasta del turismo de sol y playa? El ser padre de nuestra democracia, no debe ser de orgullo para nadie, por razones obvias. Sólo la pobreza deja fuera del disfrute de un bienestar mínimo a más del 50% de la población. Es como el hombre que tiene dos hijos, uno come bien, pero el otro pasa hambre. ¿Puede ser considerado ese sujeto como buen padre? ¿Debería ser motivo de orgullo para su familia?
Dicen los historiadores que en Bizancio, mientras los turcos estaban a punto de tomar la ciudad, los eruditos debatían acaloradamente en torno al sexo de los ángeles. Creo que más que una brecha digital, como tanto lo ha proclamado nuestro Presidente, lo que nos separa de los países del primer mundo es la incapacidad de leer y escribir. No es la imposibilidad de conectarnos con el intrincado mundo de la Internet – y que nadie me hable de que hay internautas hasta en los barrios marginados, porque una cosa es usar este recurso para todos tipos de chateos frívolos, juegos insulsos y pornografía de la peor jaez, y otra muy diferente es utilizarlo para adquirir conocimiento -, reitero es el desconocimiento del lenguaje. Aquí más que computadoras, lo que hace falta es que se vuelvan a distribuir las famosas cartillas para alfabetizar. En el informe Quedándonos atrás: Un informe del progreso educativo en América Latina, publicado en el 2001 por el PREALC, de los 13 países latinoamericanos cuyos niños del cuarto grado participaron en el Primer Estudio Internacional Comparativo, los dominicanos sacamos las peores notas. Aun los niños capitaleños sacaron peores notas en lenguaje que los niños campesinos de Cuba, Chile, Argentina, Brasil y Colombia, y sólo tuvieron mejores notas que los niños campesinos de Perú y Bolivia, y esto sólo porque el castellano es su segunda lengua.
Por tal razón, aquí y ahora, mientras los políticos de la ciudad debaten sobre el destino del busto de Peña Gómez, desde mi ventana, al contemplar mi patria bien amada, estoy como el poeta español Miguel Hernández (1910-1942): “Umbrío (sombrío, umbroso) por la pena, casi bruno (de color negro u oscuro)".

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Editorial

César José, gobernador provincial

Proponerse alcanzar una meta y lograrlo, llena de satisfacción, de orgullo, motiva a seguir hacia delante; al tiempo que se adquieren responsabilidades que hay que cumplir sin poder eludirlas. La gobernación provincial proyecta al incumbente, lo encumbra a la cima, siempre que reciba el apoyo del gobierno central, distribuya atenciones a los ciudadanos, sin prepotencias, sin creerse el Dios, el omnipotente, el infalible, el que todo lo puede. Han triunfado varios desde esa posición, pero otros que ha llegando en vez de sumar comenzaron a restar aunque personalmente les haya ido bien, políticamente han fracasado, no así frustrados, ya que ellos mismos han sido los responsables al sembrar y cosechar.
No sólo la humildad garantiza el éxito, sino echar un lado el grupismo político respondiendo a todos, y no a los que en el mañana puedan servirle al gobernador. Incumbentes de esa posición han observado una conducta errada, aunque entienden actúan correctamente, porque obtienen ganancias, triunfos políticos dentro y fuera de su organización, pero al final han tenido que morder el polvo de la derrota, porque no sólo se gana con ser popular o lograr una meta; en el mundo político, empresarial y social también se planifican propósitos y objetivos, en política no todo se gana a corto plazo, sino en el tiempo preciso, y para ello no debe ni puede haber desesperación porque finalmente todo el devenir será el resultado de lo que se ha hecho y la preparación del individuo sin desesperarse para alcanzarlo.
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