Los
Santos Reyes, niños
pobres y niños ricos
JOSE
ESCAÑO
El
día de los Santos Reyes es una tradición de algunos pueblos, con
especialidad se celebra en la capital, por lo que los niños Puertoplateños
tienen que conformarse con lo que les deje el llamado Niño Jesús,
aunque también cifran esperanzas de beneficiarse de los Reyes Magos.
En
virtud a la celebración el próximo lunes seis día de los
Santos Reyes, nos motiva a reconocer que nada iguala en el alma de un niño
dominicano al gozo que experimenta el día de los Santos Reyes, cuando debajo
de la cama o en algún otro lugar de la casa aparecen los juguetes que pidió
a Melchor, Gaspar o Baltasar.
Ese día surge ante los ojos infantiles
con ruidos de cornetas, de pistolas y revólveres de los de jugando. Pero
el entusiasmo de los niños por esta fecha ha ido decreciendo, debido a
que desde los primeros años se enteran por boca de amiguitos de mayor edad
que los Reyes son los Papás y las mamás.
Se ha discutido mucho
sobre si conviene o no explicarles a los niños que no es cierto que la
noche del día 5 de enero descienden en camellos tres Reyes Magos para proveerlos
de juguetes.
Pero es innegable que se han originado muchos traumas sicológicos
debido al desengaño que experimenta un niño cuando ve que a su amiguito
los Reyes le pusieron más juguetes que a él.
Recuerdo el caso
de un amigo de infancia en cuyo hogar se estaba pasando una pobreza que mandaba
madre. Peleó dos o tres días antes de Reyes con un vecino cuyos
padres tenían una estable posición económica. Como era de
esperar el mal comido perdió el combate.
Su amiguito, que se largaba
las tres comidas y luego para completar picaba un sándwich de jamón
y queso con un vaso de jugo antes de irse a la cama, le dio hasta con el cubo
del agua.
Los padres del mal comido armaron tremendo reperpero, fueron a la
casa del niño bien papeado y lograron que sus progenitores le dieran tremenda
pela. Estos también dijeron a su hijo que los Reyes no le iban a poner
nada por haber abusado de su amiguito más débil.
Pero el día
ansiado se presento ante él mal comido con el panorama de una carretilla
con rueda de javilla. Y mientras con cara de pena el niño débil
que se porto bien rodaba su carretillita, el bien papeado confrontaba problemas
para bajar de la acera pedaleando un carro de juguete de gran tamaño. Además
de su moderno carro, el bien comido exhibía un moderno celular para comunicarse
con sus amiguitos, también obsequio de los Reyes.
Los niños de
padres pobres pasan la de Caín tratando de levantar los centavos con los
cuales comprar el tabaco y los refrescos para su rey favorito. Y discuten apasionadamente
sobre el monto de la riqueza de cada uno de los Reyes.
Otra circunstancia traumatizante
es el furor del padre de niño pobre cuando este rompe el juguete que quizás
con enorme sacrificio pudo comprarle. Por eso se sorprende cuando su progenitor
arremete contra él con la correa o la tabla por haber perdido un juguete
que le trajeron Los Reyes.
Sin embargo, no todo es tristeza para
el niño pobre en este día. Pues ocurre que si le dejan una pistola
o un revolver de juguete tendrá la oportunidad de lucírsela ante
la muchachita de mirada lánguida y mediecitas azules que se mudó
recientemente por el barrio.
Todavía no se han puesto de acuerdo los
padres para decidir si conviene que sus hijos sepan que los Reyes son los Papás
y las mamás. Quizás valga la pena romper con la leyenda. Así
se evitarían dolores como el que experimentó el niño mal
comido que se portó bien y tuvo una carretillita con rueda de javilla,
frente al amigo papeado que se porto mal y aun así fue mejor beneficiado
por los Santos Reyes.