Sueños de esperanzas en el 2003

Decía el escritor ruso Leon Tostois que las esperanzas son los sueños de los hombres despiertos. Sin esperanza los puertoplateños no podemos sobrevivir ni mucho menos progresar como comunidad ante los grandes retos del mundo de hoy.
Necesitamos soñar, pero despiertos para poder vivir en una ciudad con un futuro más promisorio y sostenible. Necesitamos también de líderes que levanten el ánimo y canalicen de manera positiva todas las energías y potencialidades del pueblo, en su más diversa expresión, para poder producir cambio y la modernidad que tanto necesita Puerto Plata.
Para alcanzar esos propósitos, nuestro pueblo requiere de un nuevo liderazgo responsable, capaz, serio, transparente y visionario, que exprese la autenticidad y pluralidad de los sanos y honestos habitantes de la Novia del Atlántico, para que lo conduzca por los senderos del progreso y el desarrollo en el siglo XXI.
Hoy, todas las concepciones, dogmas, doctrinas, y principios están sometidos a un proceso de prueba y cuestionamiento. Nuestra ciudad como entidad sociocultural y ecológica, junto a sus ciudadanos y líderes no escapa a ese proceso de cuestionamiento, que se respira en los más diversos rincones del mundo.
Se necesita de un cambio de mentalidad de parte de todos los puertoplateños que aspiran a una ciudad mejor. En este año 2003, es necesario mirar havia atrás pensando en el presente y con una visión de futuro, a fin de buscar nuevas formas de pensar y actuar, pues tanto el pueblo como sus líderes deben ser verdaderos agentes de cambio.
La sociedad puertoplateña requiere de un proceso de cambio y transformación, por lo que necesita de una nueva mentalidad para desarrollar una comunidad de intereses que encarne sus propios valores, hábitos, costumbres y creencias, enmarcado en un modelo de desarrollo social, integral y sostenible.
La inteligencia puertoplateña, que es la responsable de dirigir y organizar la provincia, esta dispersa, fragmentada y carente en muchas ocasiones de iniciativas para diseñar e implementar proyectos viables de desarrollo, que conduzca a Puerto Plata hacia una ciudad moderna, en la que sus ciudadanos estén satisfechos de su esta de bienestar y progreso.
Los puertoplateños estamos luchando por viejas reivindicadociones no satisfechas como son: el arreglo y dragado del puerto, el saneamiento ambiental de la ciudad y las playas, la construcción de la planta de tratamiento de aguas negras, la terminación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la recogido de la basura, el arreglo de las calles, encaches, contenes, caminos y carreteras. Debemos ser más originales, dirigentes y competentes en las demandas que tanto anhelamos como ciudad.
Nuestra ciudad, adolece de una crisis de representatividad (con sus excepciones), sus representantes congresionales, provinciales y municipales, carecen de meta, competencia, capacidad de gestión y vocación de servicio, su elección en la mayoría de los casos ha sido fruto del clientelismo político y de aspiraciones personales desmedidas, en detrimento de los intereses comunales. Estos representantes no cumplen con los cargos conferidos por los electores, ya que no presentan proyectos concretos para el desarrollo y progreso de Puerto Plata.
Por eso, la preocupación principal de quienes nos representan en el poder público y municipal es más de tipo personal que de servir al bien común.
Hoy, no sabemos qué tipo de ciudad quieren construir y desarrollar el gobierno central, nuestros líderes locales, ya que su irresponsabilidad e incompetencia es tal que somos el llamado polo turístico cultural número 1 del país, y se empeñan en construir una “Haina chiquita”, en la parte oeste de la ciudad, en menoscabo de nuestra economía, medio ambiente y de las inversiones que han hecho los empresarios turísticos de Costambar y Cofresí.
Necesitamos de un cambio de mentalidad y de un nuevo liderazgo para construir un espacio urbano, sobre la base del desarrollo sostenible, en la que la calidad de vida de sus ciudadanos sea de prosperidad y bienestar.
Las organizaciones comunitarias, la sociedad civil y el empresariado deben presionar y vigilar los pasos de nuestras autoridades para que cumplan con sus funciones de bien común y de edificar una ciudad más atractiva y moderna con los nuevos tiempos.
Puerto Plata, sigue siendo una ciudad hermosa y un pueblito encantado que grita con las olas del Atlántico por un cambio de rumbo. Los puertoplateños ausentes como buenos soñadores, nos han enviados una señal de esperanza, de unirnos todos para hacer de nuestro terruño, una ciudad posible, hospitalaria; solidaria y de hombres despiertos con los nuevos tiempos.